sábado 12 de noviembre de 2011

INgENUaS ToRpEzAS

Muchas veces estas palabras han atravesado mi cabeza
queriendo convertirse en un texto más o menos organizado,
que pueda leerse, que pueda mover las fibras de alguien.
No estoy queriendo justificar más mi regreso.
Me devuelvo para la capital,
y mi visceral deseo de hacerlo
es la más clara señal.
Solo que mi cabeza no para de reflexionar, de analizar,
quiere sacar conclusiones y por sobretodo quiere aprender.
Y no olvidar, que la vida no pase en vano por favor.

La realidad es cruda, salvaje, amarga,
y yo andaba queriendo encontrar un paraíso inexistente.

En la distancia extrañé las cosas
de las que pensaba podía prescindir,
mi familia, mis amigos, la gente de mi alrededor,
el pavimento, la multitud, las luces de las 6:30 de la tarde,
el Carulla 24 horas siempre dispuesto
a satisfacer mis caprichos de medianoche.
Y en Villavicencio encontré condiciones de vida que andaba buscando.
El clima cálido, aunque a veces agotador para mí encantador,
la ciudad pequeña de más cortas distancias,
gente diferente y nueva,
un sueldo considerablemente mejor,
un trabajo medianamente estable.
El cielo me regaló el deseo que yo andaba pidiendo.
Y cuando lo tuve ya no lo quise.

La realidad es cruda, salvaje, amarga.
Huí de Bogotá feliz y desesperada,
y me topé con una radiografía del mundo más detallada,
menos adornada.

Dimensioné país.
Las corrupciones y las injusticias me rozaron,
las vi de cerca, les conocí la cara.
Alimenté irregularidades e ilegalidades con mi silencio,
quise manifestarme, quise protestar,
pero lo hice de una manera tímida, torpe, ingenua,
sin estar convencida, dejándome envolver,
sintiéndome debilitada al verme sola en la lucha.
No tuve la fortaleza, no tuve el convencimiento,
no tuve capacidad de observación, una vez más!
No tuve capacidad de observación!
No tuve la agudeza de emplear las palabras precisas
no me informé lo suficiente
como para haber presentado argumentos de más peso,
con cifras, con referencias precisas a artículos, a leyes.
Se me olvidó que los adultos andamos necesitando esas precisiones
para tener credibilidad, para ser escuchados.
Por eso a veces sólo soy una vocecita insistente e imparable,
que fastidia, que incomoda, que inquieta,
una piedrecita terca que en ocasiones
no se quiere mover de su lugar,
y se aferra y se niega a ceder,
pero es tan frágil tan frágil
que también puede llegar un viento leve y llevársela,
así, sin más.

Dimensioné realidad.
El mundo me sigue doliendo profundamente.
Con un nudo en la garganta reconozco el espiral,
otra vez la decepción, otra vez la rabia, otra vez la tristeza.
Pero soy quien soy y la esperanza nunca me abandona.
Por allá escondida sigue la ilusión,
siguen los sueños, siguen las utopías.

El ser humano es un animal de costumbres.
En la ciudad aprendí a vivir,
con toda su hostilidad, con toda su contaminación,
entre el asfalto y el smog desarrollé
mis mecanismos de supervivencia.
A la capital regreso, en busca de mi nicho, en busca de mi hogar,
dispuesta a estrellarme una vez más
porque la realidad es cruda, salvaje, amarga.

Pero esta vez no me quiero echar a la pena.
Ya viví el encierro, el desvelo, el ayuno.
Ya viví el ensueño, la anestesia, la embriaguez.
Prefiero seguir construyendo desde mi pequeño alrededor,
y mi voz irá creciendo hasta que sólo pueda gritar,
porque quiero que me escuchen,
porque no quiero que la vida pase en vano.

Ya lo dijo alguien por ahí, es sólo una cuestión de actitud.
Aguantaré gustosa la lluvia, el frío en la nariz,
los trancones interminables, la multitud.
Abrazaré dichosa a mi familia, a mis amigos,
iré feliz a las bibliotecas, a los auditorios,
a los centros comerciales.
Prometo tener los ojos más abiertos.
Enfocaré todos mis esfuerzos en transformar
esas torpes ingenuidades,
en certeras e inteligentes decisiones.

La realidad es cruda, salvaje, amarga.
Fabricaré canciones para soportarla.

sábado 27 de agosto de 2011

OLORES

El parque de mi barrio huele dulce.
El árbol central florece
y yo me deleito con su aroma cada noche.

Mi cuarto huele a naftalina.
Unas hormigas insistentes
buscan por doquier un rinconcito,
alguien me dijo que partiera en cuatro una esferita
y ubicara los pedazos en las cuatro esquinas.

Dicen que el lugar donde trabajo
huele a veneno para insectos.
El olor, para muchos insoportable,
yo a duras penas lo percibo.

He perdido la costumbre de los abrazos.
Extraño sentir de cerquita
el aroma de mis amigos,
la certeza de su cercanía,
el alivio de sus brazos a mi alrededor.



Ando leyendo un poco de teosofía.
Dicen que el ser humano
trae por defecto el instinto vital.
Los impulsos más animales,
el alimento y el sexo,
parecen ser los que lo hacen continuar.
Pero la mente y sus recovecos necesitan más,
el instinto vital no alcanza,
y entonces el ser humano
se ve en la maravillosa necesidad
de inventarse motivos de vida
que lo hagan sentirse feliz al despertar.

Tengo unas cuantas hojitas de orégano
en el bordecito de mi ventana.
También tengo una botellita
con el perfume de la prosperidad,
y tres fragancias del supermercado
una natural, la otra exótica
y la otra con aire adolescente,
dizque jovial.
Un penetrante aromatizador de canela,
la madera de mis tambores
y mi propio olor corporal.

La teosofía también dice
que vale la pena experimentar por igual
la desgracia y la felicidad
para formar el carácter,
y para desarrollar la capacidad
de enfrentar cualquier adversidad.

Como ven estoy repleta de olores
y yo los disfruto al olfatear.
Pero el olor que yo quiero ahora
es el frío y gris aroma de mi ciudad natal.
He de continuar en el entrenamiento
pues más distancias se avecinan.
Cuánto me gustaría poder enfrascarlo
guardarlo, reservarlo,
y poderlo utilizar con efectividad
en un ataque de nostalgia cualquiera.



El árbol del parque de mi barrio anda floreciendo
y recuerdo entonces que la vida es cíclica:
hay momentos dulces, luego otros amargos,
hay momentos ácidos, después vienen los salados.

viernes 22 de julio de 2011

Tormenta y calma


Lo que me gusta de los escritos
es que son un testimonio del paso del tiempo.
Ojeo con rapidez la última entrada de Manglar Intermareal
y me gusta observar a la Silvia del sábado 18 de junio.
Visto así, el olvido se presenta como un don maravilloso
porque permite las sorpresas, los redescubrimientos.

Vengo de practicar Tai Chi Chuan.
La mente urde conclusiones sin yo esperarlo.

Vine de Bogotá con las pilas recargadas,
con la energía renovada,
con el corazón contento y la mirada despejada.
Quince días de encuentros con mis hermanitos de sangre,
con mis compañeros de camino,
con mis familiares estelares.
Y claro, cualquiera se embellece con unas vacaciones.

Después de la tormenta viene la calma.
Y después de la calma, agárrese parcero,
porque ahí viene la tormenta con toda su garra.

Las crisis más profundas son las que llegan sin anunciarse,
sin explicación o razón alguna.
El sin sabor injustificado a mí me desbarata,
me tambalea,
me golpetea.

“Todo puede ser tan peligrosamente leve,
como la nieve en la bola de nieve”.

Y empieza entonces la preguntadera.
Como queriendo encontrar el origen del mundo
yo no veo la punta del ovillo por ninguna parte.
La mente se inquieta, se inestabiliza,
y no vislumbra ni lejos la salida de emergencia.

De repente recuerdo un texto que leí en el facebook.
"Toda emoción produce cambios fisiológicos,
y a partir de eso,
también podemos deducir
que todo cambio a nivel corporal
producirá un cambio emocional".

Mientras mis músculos se desplazan con movimientos lentos
mi mente resuelve dejar de hurgar para encontrar la raíz,
necesita la calma para seguir infiriendo,
a mi cabeza le urge primero un poco de serenidad.
Tendré entonces que recurrir
a las acciones generadoras de bienestar.
Bailar, cantar, una película, un libro,
componer, tocar,
y el Manglar Intermareal.

Termino la forma y me dirijo a mi paisaje virtual predilecto,
a ese lugar que está al lado del río
y que está al lado del mar.
Visito el paraje construido
por el movimiento indeciso de las olas,
que a veces son dulces,
y a veces son de sal.

El desazón nubló mi mirada.
Y era tan sencillo como meter las manos en los bolsillos
para sacar las monedas que un día dejé abandonadas.

Sigo construyendo mi fortaleza.
Un espejo en la entrada de mi casa
me protege de las energías malintencionadas.
Una vela me trae un pedacito del fuego
que todo lo transforma y todo lo cambia.
Y estoy yo, claro está,
con mi sonrisa y con mis ganas.

sábado 18 de junio de 2011

EsCriBir eS uNa aCcióN

Las palabras:
Aciertos, Bellos y Certeros.
Son Diamantes,
son Esmeraldas,
son Fantasías.
Se vuelven Gráficos
de mis Horas de Intimidad.
Mi metodología:
Juntar los Lamentos,
los Lloriqueos,
los Momentos.
Escribir:
es una Necesidad,
no del todo una Obsesión,
de Publicar mis Relatos cotidianos.
Síntesis a color.
Titubeo, al menos Trato, lo intento.
Urdo palabras para hacer un tejido.
La Vida se evapora.
Paradójico escenario de la concreción: la Web.
Vaya Xerografía de lo cotidiano.
Me entretengo jugando este Yo-Yo.
Me alejo, vuelvo a mí,
me alejo, vuelvo a mí.
Uso este abecegrama hecho Ziazo,
para seleccionar sólo algunos pedazos.

lunes 6 de junio de 2011

Consuelo Y Aceptación No Son La Misma Cosa

Esta mañana, mientras a mano lavaba
la tanda de calzones de dos semanas,
algunas ideas llegaron a mi cabeza.
Eso me gusta de las tareas cotidianas:
el cuerpo se concentra en una labor medianamente sencilla
mientras la mente se encarga
de conectar momentos, conclusiones,
experiencias, reflexiones.

Todos alguna vez hemos remendado los calzones viejos,
alguna vez hemos usado por el revés las medias del día anterior.
Perezosos e indispuestos,
hemos querido quitarnos un pantalón con los zapatos puestos,
y hemos invertido algo de nuestro valioso tiempo
enredados porque el pantalón no pasa,
y al final, de todas formas,
hay que quitarse los zapatos
(imagen cortesía de Mario Opazo).
Alguna vez nos hemos acostado a dormir
sin lavarnos los dientes,
alguna vez nos hemos quedado profundos
con la ropa puesta sobre la cama.
Hemos sentido pena con alguien a quien recién conocemos
porque no tenemos plata para el bus,
nos hemos sentido feos por usar gafas,
y hemos dejado pasar el tiempo sin hacer nada,
sin disfrutar la delicia de ese estado tan necesario.
Todos hemos sentido un dolorcito de estómago
los domingos en la noche,
como el que siento yo en este mediodía de un lunes festivo,
porque sabemos que en pocas horas
todo volverá a comenzar de nuevo,
madrugar, andar afanado, el trabajo,
el colectivo que no pasa,
la mujer de la tienda que no tiene vueltos.

Después de lavar los calzones
me fui a desayunar huevos con cebolla y tomate,
y me quedé embobada mirando en la tele
la eterna propaganda de TU BEBE LEE;
mi cabeza se enfrascó de nuevo en las reflexiones
en torno a la naturaleza del ser humano.
Ni siquiera ahora que ando más sumergida
en el asunto de la pedagogía
puedo afirmar cuál es la “mejor” manera
de educar a un ser humano.
No sé si TU BEBE LEE respeta o acelera
el natural proceso de crecimiento de un bebé;
permítanme masticarlo un poco más
para darles en algún momento una respuesta sensata,
un punto de vista con argumentos.
La humanidad ha otorgado demasiada importancia al cerebro,
dejando un poco olvidados a los otros cuerpos
(al físico, al energético, al espiritual, al emocional, al cósmico).
Muchos nos hemos dejado contagiar
por una loca enfermedad llamada
TENGO QUE SER EXITOSO,
y andamos por el mundo un poco descontentos con lo que somos
porque nos comparamos obsesivamente con el otro
y no somos capaces de ver el tesoro que tenemos dentro.
La excesiva especialización ha traído como resultado
por un lado seres cabezones con endebles cuerpos
y por el otro saludables organismos con cerebros chiquitos.
Somos seres de extremos, fragmentados,
hemos roto una y otra vez nuestra preciada unidad.


Imagen: Jimena Castro Mejía.

Caminando el desayuno caí en cuenta
que desde hace un tiempo andaba queriendo comprobar
que estilo de vida era capaz de soportar
mi actividad profesional.
También andaba con el deseo de vivir sola,
de estar un poco alejada.
Quería experimentar una suerte de retiro espiritual,
pero la estadía en la montaña
fue más breve de lo que imaginaba.
Ando sacando todas estas conclusiones
sumergida en medio del extraño caos
de esta pequeña ciudad calurosa y tropical.

Yo quería probar a secas la realidad.
Como cuando quise saber que era tener sicoanalista
y me le apunté a un corto tratamiento de seis meses,
sin tener un asunto específico a resolver
(no consciente al menos).
Una vez envuelta en el deseo hecho realidad
no puedo hacerle el quite, no puedo decir ya voy,
no puedo esquivar el compromiso,
esta vez no.
Menos mal.

“La vida no para, no espera, no avisa”.
http://www.youtube.com/watch?v=ZGFqd_-tq5Q

Todo esto me está pasando ahora,
a mis 31 años de edad.
De nuevo pienso en el ser humano,
por qué es el animal que más se demora en ser independiente?
Creo que no tiene caso la perjudicial comparación
porque aunque adoro tomar al resto de la naturaleza
como ejemplo,
como posible punto de partida,
hemos transformado en demasía
nuestra naturaleza original.


Imagen: Jimena Castro Mejía.

Debo volver al punto de partida.
Lo que me pasa a mí le pasa al otro,
y lo que le pasa al otro también me pasa a mí.
El ser humano, curioso animal.
Todos la misma esencia,
todos a la vez tan únicos y sin igual.

Consuelo y aceptación
no son la misma cosa.

sábado 4 de junio de 2011

La viDa tieNe sUs mAñaS


Imagen extraída de
http://mujer-bonita.net/category/tai-chi-chuan

Me resulta inevitable escribir este texto ahora.
A sabiendas de que sigo dando permiso
a mi inexplicable manía
de pasar horas haciendo lo que considero importante
dejando de lado un poco lo que es más bien urgente.
Poco a poco iré encontrando el necesario equilibrio.
Lo que ocurre es que acaba de pasarme algo maravilloso y simple.
Curiosamente es algo que sabía de tiempo atrás,
pero es que la vida tiene sus mañas para repetirnos una y otra vez,
lo que de sobra sabemos.

Las situaciones críticas ocultan en lo más profundo
seres inimaginables,
que en la superficie ni se intuyen.
Claramente un dolor de cabeza
indispone a cualquiera.
El cuerpo, cansado y bloqueado,
pide horas de sueño, a veces pide comida,
pide ganas de vomitar,
de sacar de adentro
algo que no nos deja fluidamente funcionar.

Preparé una infusión,
me compré una neosaldina.
Mis dedos hicieron masajes en el lugar del dolor
haciendo caso a mi instinto
y al recuerdo vago de los puntos claves,
energéticamente hablando,
que un buen amigo alguna vez me mostró.

Me recosté cinco minutos en la hamaca,
con ganas de hundirme en ella y caer dormida en el acto.
Y llegó a mi cabeza una especie de orden
proveniente de no sé donde.
Practica Tai Chi Chuan.

Cuando el dolor de cabeza ataca
no hay ganas ni para levantar un dedo.
Cuando hay depresión
no hay ganas ni de fritarse un huevo,
me dijo alguna vez una amiga,
cuando atravesé mi segunda crisis de vida.
Lo más fácil hubiera sido permanecer en la hamaca,
pero la música de mi indescifrable computador se detuvo.
Pensé, esto puede ser una oportunidad para probar
si el Tai Chi Chuan puede hacer desaparecer,
en poco tiempo,
un dolor de cabeza de gran envergadura.

Cada vez que cuento a alguien
que llevo casi diez años practicando Tai Chi Chuan,
necesito dar una explicación.
La respuesta es casi siempre la misma.
- El Tai Chi Chuan es un arte marcial,
y las artes marciales son todas artes de combate -.
- Entonces es mejor andar en buenos términos con usted -,
es el infaltable comentario.
- Todo bien, no hay nada que temer.
Lo que yo conozco es sólo la preparación para el combate,
algo así como practicar Yoga -,
comparación necesaria para dar una idea sin dar muchas vueltas.
- El Tai Chi Chuan que yo practico
son ejercicios muy muy lentos para estar tranquilo -.

- Hay que aprender a defenderse,
a tener un escudo, pues a veces hay gente,
que quiere hacerte daño -.
Sabias palabras de un amigo entrañable.

No me interesa dar patadas voladoras,
ni puños estratégicos,
ni zancadillas certeras.
Yo sólo quiero ser invencible.

UroVoroS



Urovoros
El fin es el comienzo es el fin.

Procurando organizar un poco el caos (¿paradoja?),
decido escoger una columna vertebral.
Alrededor de ella me envuelvo,
como una voraz serpiente,
como una tranquila y pausada enredadera.

La cosecha ha sido intermitente.
Me detengo a observar el campo.
Siento de manera contundente el poder de la urovoros,
su fuerza, su luz.

Diciembre del año 2000.
Me uno al Proyecto Medusa.
De esa cabellera soy la serpiente
que quiere alimentarse de sí misma eternamente,
pero innegablemente hago parte de un todo, de una unidad.
Aunque engullo grandes dimensiones al instante,
mi digestión es lenta, yo necesito hibernar.
Y después vuelvo a marchar con ligereza, con suavidad.

Diciembre del año 2010.
Mi cuerpo sudoroso,
por el vapor de piedras gigantes e hirvientes,
atraviesa trascendental metamorfosis.
Aún ando en la tarea de desprender
algunas escamas que se enraizaron con fervor sin yo darme cuenta.
A pesar de ser la misma urovoros ya nada es igual.
Sigo mordiéndome la cola,
para quienes me conocen no es fácil tarea,
pero ya no soy el mismo animal.

Urovoros. Muchos pueblos te invocan.
Eres el eterno retorno, eres la continuidad de la vida.
El renacimiento de las cosas que nunca perecen,
sólo cambian eternamente.
Nada se pierde, todo se transforma.
Lo dijo Mijaíl Lomonósov hace 266 años,
también Antoine Lavoisier hace 226.
Jorge Drexler, más recientemente, lo volvió canción.

http://www.youtube.com/watch?v=QfhEKpFiepM

La serpiente escupe ahora
los frutos fermentados de esa semilla,
plantada diez años atrás.
Es una lenta corazonada en germinación,
como diría Steven Johnson.
Más bien un manojo de lentas corazonadas en articulación.

http://www.youtube.com/watch?v=NugRZGDbPFU

La urovoros es la unidad de lo material y lo espiritual.
Es un ciclo interminable de destrucción y creación.
Es el infinito.
Como la sensación del paisaje de las tierras que ahora habito.
Pero no se hagan una romántica idea de mi nueva estadía.
Recordad, esto es el caos en diminuto,
como esas representaciones de la navidad
encerradas en una capsulita de cristal.
La serenidad de esta planicie está lejos de la urbe.
Tuve la fortuna de experimentarla diez años atrás,
cuando la urovoros me mostró por vez primera sus dientes.

La urovoros se muerde la cola.
El fin y el comienzo se unen.
La cabeza es la cola es la cabeza.
El blanco es la síntesis, el negro es la mezcla.
Y al final son la misma moneda.

La mitología nórdica dice que la urovoros
llegó a crecer tanto que pudo rodear el mundo entero,
hasta morder con sus dientes su propia cola.
Prefiero ignorar la interpretación
que da Wikipedia a tan impresionante imagen.
Dibujo en mi piel nuevos parajes, próximos destinos,
para hacerle honor al animal
que quiere devorar gustoso todos los lugares.

Lo intenté, y desde el principio lo presentía.
Este caos no tiene orden.
Es un rompecabezas con mil posibilidades, mas bien.
Me gustan las imágenes, me gustan las narraciones,
me gustan las novelas y también los ensayos.
Entremezclo y hago mi propio coctel,
me tomo un sorbo y les ofrezco.
Sé que todos sentimos lo mismo, cada uno a su manera.
Las mismas situaciones,
los mismos conflictos,
las mismas peleas.
Pero así como todo sigue siempre siendo lo mismo,
nunca nada es igual.
La urovoros se muerde la cola,
pero ella puede metamorfosear.

El fin es el comienzo es el fin.

Salud!

sábado 26 de marzo de 2011

Caos diminuto

Villavicencio, 26 de marzo de 2011

Ha pasado un poco más de un mes
desde mis últimas impresiones hechas palabras
y aún la percepción de la realidad
me parece extraña, me parece rara, irreal,
con sus infaltables conflictos y enredos
que jamás abandonan mi humanidad.
Pienso en la capital, en la anterior vida,
y me parece un paisaje muy lejano ya
como una fotografía de pálidos colores.

Caminando por las calles del Emporio
buscando un lugar para vivir
el barrio se extiende por unas cuadras nada más.
Llego al centro y siento el caos
me acuerdo nostálgica de mi natal Bogotá
y tengo la misma percepción de desorden,
de tumulto, de desesperación,
pero todo en chiquito, en miniatura,
como una maqueta arquitectónica
hecha de plastilina.

Este mundo sigue siendo de mentiras
y gradualmente voy cayendo en cuenta
de lo que dejé atrás.
El cibermundo me trae trocitos de esa otra vida,
de ese otro planeta paradójicamente más cerca del sol
pero más lejos de este calor sabrosón.

Las circunstancias se despliegan ante mí
develando mis deseos tímidos, mis propósitos indecisos.
El desgaste vocal hecho nudo en mi garganta
me obligó a dormir más, las necesarias 7 horas diarias,
me invitó a comer más temprano en las noches,
me sugirió dejar de tomar tanto café negro.
Calentar la voz antes de dictar por 8 horas seguidas clase,
saludable hábito que los otros llamarían sentido común,
regresa a mi vida como importante costumbre
pues la voz es mi instrumento de trabajo más valioso,
mi posesión material más valiosa.

Sin más arandelas, sin más adornos,
termino esta diario abierto...
aún no abandono la manía
de mostrar el pellejo sin pena ni vergüenza.

Yo ya lo venía sintiendo.
Este es el principio
de mi camino de regreso.